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Un refresco para cada momento

Por la mañana, por la tarde, en el aperitivo, en la comida, en la cena… Cualquier momento del día es bueno para saborear una bebida refrescante. De naranja, limón, cola, lima-limón, bitter, con azúcar o sin ella… Hay infinitos momentos para tomarlos pero algunos son más adecuados.

Los refrescos de naranja se asocian inconscientemente a través del color con la mañana y la costumbre establecida del consumo de bebidas derivadas de esta fruta en la primera mitad del día. Esto no es casual, se corresponde con el equilibrio entre el dulzor predominante en estos productos y una acidez cítrica fresca de mayor o menor intensidad dependiendo de la marca de la que hablemos. Las naranjadas ofrecen una buena dosis de hidratación y energía chispeante al tiempo que sacian las papilas. Representan una bebida perfecta para recargar las baterías de nuestro organismo en la mañana o tras realizar un ejercicio intenso para continuar con lo que queda de día.

En el caso de los refrescos de limón el sabor ácido es el predominante. Este predominio de los sabores ácidos, que se perciben en los laterales y en toda la base de la lengua, tiene una repercusión en nuestras sensaciones. Si el dulce sacia, el ácido provoca la salivación. Eso hace que estas bebidas dejen una sensación más fresca en nuestra boca y sean apropiadas como aperitivos. Más, cuanto menos dulces. Por eso el mejor momento para tomarlos es en las horas previas a la comida o la cena, aunque siempre serán agradables para saciar la sed.

El bitter es uno de los refrescos más destacados por su combinación de ácidos y amargos. El predominio del sabor amargo, que se percibe en la parte posterior de la lengua y es muy persistente, plantea una cierta exigencia a nuestros sentidos. Entre los aperitivos, es uno de los refrescos más destacados.

En la tónica, el amargo predomina sin ningún complejo matizado por sutiles notas cítricas y un leve dulzor muy sutil. Es una bebida refrescante como pocas, muy apropiada para cualquier hora del día.

El té frío es una deliciosa manera de refrescarse a cualquier hora del día. Supone una alternativa perfecta para aquellos a quienes por cualquier razón no deseen tomar bebidas gaseosas en un momento dado. Lo que se refiere a sus sabores y aromas, el té frío ofrece un sutil fondo aromático bastante complejo, en relación al común de los refrescos. Resulta una excelente alternativa para saciar la sed de un modo agradable, saludable y delicado.

Al hablar de los refrescos de cola no podemos referirnos a un predominio claro de acidez sobre dulzor, o viceversa, aunque sí podemos decir que ambos se imponen delicadamente al resto de sabores. Los refrescos de cola se consumen, de hecho, a cualquier hora del día, pero existen ciertos matices sápidos que pueden servirnos para situarlos mejor en un momento de consumo ideal. La intensidad y complejidad de sus aromas los hace susceptibles de ser tomados en un momento del día en el que toda nuestra capacidad de percepción se encuentre despierta. Esto hace que sea a partir de media mañana cuando empiecen a resultar aún más apropiados. Por otro lado, muestran ciertas limitaciones como aperitivos por esa misma cantidad de sabores y aromas que poseen y entre los cuales el dulce ocupa un lugar relevante, porque pueden saciar el hambre antes de comenzar a comer. Son ideales, sin embargo, para consumir entre horas y despliegan todo un universo de recursos al caer la tarde.